Lugares para visitar en Mallorca:Palma de Mallorca
Aproximadamente la mitad de la población de Mallorca reside en la capital, Palma, un lugar vibrante y bullicioso. Cuando oscurece, su famosa vida nocturna rivaliza con la de otras urbes españolas. De día, se puede investigar el encantador barrio antiguo, atiborrado de callejuelas adoquinadas, paseos con árboles alineados, construcciones góticas y boutiques de diseño. Resulta poco probable abrazar la soledad; la ciudad normalmente se halla atestada de turistas y de tiendas ordinarias de souvenirs en cada esquina. Para quienes prefieran pisar una playa cercana, las posibilidades quedan limitadas a un trayecto en autobús hacia los complejos turísticos.
Se considera imprescindible una visita a la imponente catedral gótica, construida entre 1230 y 1600. Probablemente el visitante quedará estupefacto ante la curiosa escultura de hierro forjado de Gaudí que cuelga del techo y al visitar el museo adyacente, con relucientes utensilios religiosos. Frente a la catedral se erige el palacio de Almudaina, construido sobre un desaparecido alcázar musulmán, y que se convirtió en residencia de la realeza mallorquina. Las tortuosas calles que rodean a este histórico barrio acogen la sede del Museo de Mallorca, el palacio Ca la Gran Cristiana, que fue restaurado ligeramente en el siglo XIX y contiene diversos descubrimientos arqueológicos, antigüedades y pinturas de dignatarios locales. Los Baños Árabes también se hallan en esta zona. Frente al puerto se encuentra la obra maestra de la arquitectura gótica civil, la Llotja, que alberga un museo de arte. Al oeste del centro urbano, se puede descubrir el impresionante castillo de Bellver.
Cuando se busque un hotel, no debe caerse en la tentación de alojarse en los lugares turísticos portuarios al oeste del centro: quedan lejos de todo. El centro de Palma está en pleno mogollón y resulta el lugar indicado al que se puede aspirar. Si se planea divertirse, el barrio antiguo está a la última y dispone de más bares y pubs (desde chillones reclamos cebo para turistas a bodegas a la vieja usanza) en los que se podrá brindar con unas cuantas cervezas.
Valldemosa
Esta encantadora población le debe su fama en gran parte a Frédéric Chopin y a su amante George Sand, que pasaron su famoso invierno del malestar (1838-1839) en la cartuja de Valldemosa. Este antiguo monasterio se secularizó tras la exclaustración de los monjes cartujos en 1835. Hoy por hoy se pueden visitar sus bellos jardines y sus celdas: los puntos de interés la visita lo conforman el piano de Chopin, su máscara mortuoria y sus manuscritos originales.
Más recientemente (primavera de 2000), el actor Michael Douglas inauguró el Centro Cultural Costa Nord en el municipio. Su visita se divide en tres partes: un documental sobre la historia de esta parte de la isla; una sala donde se ha reproducido el interior de Nixe, la embarcación del archiduque Luis Salvador; y una tercera sala donde se presenta el Legado de la Pasión, un área expositiva dedicada a la sierra de Tramuntana. Luis Salvador de Austria estaba tan enamorado de Mallorca que acaparó grandes pedazos de sus tierras, en los que forjó diferentes caminos a través de las montañas circundantes hoy transitadas por los excursionistas. A pocos kilómetros al norte de Valldemosa, se ubica una de las antiguas residencias del archiduque, Can Marroig, que está abierta al público.
Igualmente, merece la pena explorar el resto del pueblo, diminuto pero encantador (si se ignoran los inevitables rumbos turísticos). Para quienes les apetezca darse un chapuzón, la ensenada rocosa del Port de Valldemosa dista a 7 km. Allí, un puñado de restaurantes se disputarán al visitante hambriento después de tanto mar. Valldemosa es muy pequeña y, por tanto, en un día puede descubrirse al completo; aún así, las posibilidades para hospedarse son limitadas. El pueblo se sitúa a 15 km de Palma; servicios de autobuses parten a diario de la capital.
Deyá
Este idílico pueblo posee un encanto bohemio: el marco es incomparable y ha seducido a numerosos artistas, escritores y músicos a lo largo de los años. El poeta inglés Robert Graves falleció en este enclave en 1985 y fue enterrado en el cementerio que se encuentra en la falda de la montaña. En la calle principal se alinean diferentes galerías y talleres de artistas que comercian artesanía y piezas producidas en la localidad. Igualmente existen múltiples bares y cafeterías donde se puede dibujar, escribir poesía o simplemente tomar una cerveza. Junto a la iglesia se halla el Museo Parroquial, que muestra una interesante colección de utensilios religiosos, iconos y antiguas monedas. El Museo Arqueológico y Centro de Investigación expone reliquias descubiertas en la zona de Valldemosa. En la costa, la cala de Deià alberga conocidos rincones donde darse un chapuzón y donde se ubican bares y restaurantes. La población recibe autobuses que parten diariamente de Palma.

Sóller
Para apreciar de verdad Sóller, se debe optar por el viejo tren desde Palma, que efectúa un recorrido zigzagueante por olivares y árboles centenarios, a través de la imponente sierra de Tramuntana. Se tarda aproximadamente una hora en llegar tras haber disfrutado de incontables vistas espectaculares. Muchos utilizan esta población como punto de partida para pasear por los alrededores, pero también resulta un lugar encantador para explorar, con atractivos edificios antiguos, jardines exuberantes y plazas al aire libre. Los bares y restaurantes rodean la plaza principal, la Plaça de la Constitució. La iglesia parroquial de San Bartolomé, datada del siglo XVI, también se asienta en este enclave. Su fachada modernista disimula un bello interior gótico. Un tranvía, que transitaba por las calles de San Francisco, desplaza a los visitantes hasta el atractivo Port de Sóller, situado en la costa y atiborrado de visitantes en temporada alta. Se organizan excursiones en barca a Sa Calobra, Deyá, Sant Elm y la isla de Sa Dragonera.
Alcúdia
Aposentada entre dos bahías inmensas, Badia de Pollença y Badia d'Alcúdia, esta ajetreada urbe fue en su momento colonia romana. Aunque perduran los restos de su pasado ancestral, la población ofrece un aspecto demasiado bello, y la mayoría de los muros medievales que la circundan son una copia moderna. En el exterior de la muralla se hallan los vestigios de la ciudad romana de Pollentia, de 1.200 m; que fueron excavados y que se pueden visitar. El Museo de Pollentia en Alcúdia exhibe los hallazgos arqueológicos que se descubrieron en el enclave. Asimismo, se conservan las ruinas de un anfiteatro.
Para cambiar de escenario, el Parc Natural de l'Albufera, una reserva natural cercana a Alcúdia, se presenta como un excelente paraje para caminar, ir en bicicleta o echar una miradita a los pájaros de la zona. El visitante debe estar atento por si divisa las pollas de agua (Gallinula chloropus) y las fochas (Fulica) en la hierba, así como las cigüeñas y flamencos entre los juncos. Es factible conseguir una lista con las especies avícolas que se pueden reconocer y un mapa en el centro de recepción. Existen autobuses que se dirigen al parque desde el Port d'Alcúdia (emplazamiento turístico costero situado a unos 2 km de Alcúdia), y desde Alcúdia con dirección Palma.
Coves del Drac (Cuevas del Dragón)
Con casi dos mil metros de cuevas y seis lagos subterráneos, este aliciente no es apto para claustrofóbicos. Las cuevas fueron descubiertas en 1896 cerca de Porto Cristo, en la costa este, y en la actualidad multitud de visitantes forman parte de recorridos multilingües de una hora de duración: todos los interesados deben estar preparados para aguantar una buena cola si acuden en fin de semana. A los exquisitamente iluminados racimos de estalactitas y de estalagmitas los bautizaron con el nombre de lo que parecían, aunque no se puede evitar que algunas etiquetas sean más obvias que otras. El punto culminante del recorrido lo protagoniza la actuación de unos músicos cuando tocan piezas clásicas sobre unas embarcaciones en un gran lago subterráneo. Inspirado por este evocador espectáculo, se puede cruzar el lago en barca antes de salir de las cavernas.
Si se desea permanecer entre tinieblas un rato más, el gran acuario de Porto Cristo se halla cercano a las cuevas. En especial, los niños pueden disfrutar de las mortíferas criaturas marinas que acoge. La carretera costera principal atraviesa Porto Cristo; desde este punto diversos autobuses parten hacia Palma y Port d'Alcúdia.
Manacor
Si se persiguen las famosas perlas de la isla, la segunda urbe en extensión de Mallorca constituye el lugar adecuado. Esta población industrial ha venido cultivando perlas desde 1890 y posee numerosos comercios donde se venden las pequeñas joyas. Resulta idóneo dirigirse a la fábrica situada a las afueras de la población para adquirirlas. Es factible visitar la factoría para conocer el proceso de producción antes de comprarlas, y es preferible olvidarse de las gangas; las perlas artificiales, como las que se cultivan en Manacor, son muy similares (y duran más) a las auténticas, por lo que pueden ser bastante caras. Después de las compras se pueden reponer energías con la especialidad local, la sobrasada, un embutido picante. La ciudad en sí misma ofrece escasos atractivos, a excepción de la iglesia dels Dolors de Nostra Senyora, construida en el mismo lugar en el que se ubicaba una antigua mezquita.
Manacor se sitúa en la carretera C715, tierra adentro desde Porto Cristo.
Cap de Formentor
Al norte de Mallorca, este promontorio rocoso se erige como un paraíso remoto. El faro ubicado en el punto más al norte es zona prohibida, pero los alrededores resultan excepcionales para pasear, observar lagartos y contemplar pájaros. Si se cuenta con tiempo y dinero, puede alojarse en el elegante hotel Formentor, donde se hospedaron Winston Churchill y Grace Kelly. La terraza posee unas vistas fantásticas de la bahía y los jardines son encantadores. Junto al hotel, las playas de arena blanca de la playa de Formentor están protegidas por los pinares. En sus inmediaciones se pueden encontrar instalaciones para practicar el golf y montar a caballo. Una empinada y angosta carretera conducirá a los visitantes desde Port de Pollença hacia Cap de Formentor. En temporada alta, se habilitan autobuses que se dirigen al promontorio desde Palma y Port de Pollença.
Cala Mondragó
Encontrar una playa natural al cien por cien en la explotada costa este mallorquina no es tarea fácil. Sin embargo, si se accede a la Cala Mondragó bastante temprano por la mañana, se tienen más probabilidades de hacerse con un buen sitio en una de las playas más atractivas. Los pinares y afloramientos rocosos cobijan a esta protegida cala de arena blanca, y las posibilidades de hospedarse se limitan a un par de casas y a un gran albergue. Un bar en la playa, rodeado de tumbonas, sirve cócteles bien fríos y refrescos.
Unos 2 km al sur de Porto Petro, un minitren acerca a los visitantes desde esta localidad a Cala Mondragó y otros enclaves turísticos costeros.







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